Correr forma parte de la vida cotidiana del ser humano desde hace 500.000 años
Confieso que a mí me llevó más de treinta incorporar este hábito en mi rutina diaria. Hasta entonces, prefería caminar, nadar, pedalear, sin dejar de lado el trabajo de fuerza. Hasta que descubrí que, si podía caminar deprisa, podía correr despacio. Desde entonces, se ha convertido en algo tan necesario y natural en mi día a día como dormir, comer o respirar.
Elige la forma de moverte que más te guste y persevera en ella para frenar la pérdida de músculo a la que estamos abocados conforme vamos cumpliendo años. ¡Tu sistema inmune, ese que te protege de caer enferm@, depende de unos músculos fuertes!